Hay muy pocas personas que no se hayan quedado mirando fascinados una luz de bengala. Estas barritas compuestas por un alambre embadurnado en una pasta de color gris oscuro le san el toque alegre a muchas fiestas, pero ¿de qué están hechas?
En realidad, las luces de bengala se basan en una reacción química muy básica para la que solo hace falta un combustible metálico y un oxidante. En el caso de las bengalas, ese combustible suele ser polvo de hierro, aunque a veces se utilizan otros metales como el aluminio o incluso el titanio. El oxidante es nitrato de potasio, y todo ello se amalgama mediante un derivado del almidón llamado dextrina.
En realidad, las luces de bengala se basan en una reacción química muy básica para la que solo hace falta un combustible metálico y un oxidante. En el caso de las bengalas, ese combustible suele ser polvo de hierro, aunque a veces se utilizan otros metales como el aluminio o incluso el titanio. El oxidante es nitrato de potasio, y todo ello se amalgama mediante un derivado del almidón llamado dextrina.
¿Por qué esos
ingredientes? Todos tienen su sentido. La reacción química la inicia el
oxidante al aplicar calor, y no es muy diferente a la de un explosivo
pirotécnico, solo que en este caso no está confinado en un recipiente a
presión, por lo que no explosiona. Al aplicar una llama a la mezcla, se libera
oxígeno que oxida el metal y hace aumentar aún más la temperatura, encendiendo
las partículas cercanas y extendiendo la reacción. Las chispas no son otra cosa
que las finas partículas de hierro que salen disparadas y se consumen en al
aire por efecto del calor.
En cuanto a la dextrina,
se emplea como retardante. Es la responsable que la bengala se consuma
lentamente en lugar de hacerlo como si fuera una mecha. Por último, si añadimos
a la mezcla estroncio, magnesio o cobre
teñiremos la luz y las chispas de rojo, blanco o azul respectivamente.
Aunque no son tan peligrosas como un petardo, las bengalas
tampoco son juguetes. Su punta incandescente alcanza temperaturas entre 1.000 y 1.600 grados celsius. Además,
mantienen el calor durante mucho tiempo, así que no conviene tocarlas ni
siquiera inmediatamente después de haberse consumido.
Fuente:
gizmodo.com

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