Si antes hablamos de los posibles descubrimientos de elementos que podrían ocurrir, antes deciden probar suerte.
Un equipo de científicos en Japón acaba de arrancar uno de los proyectos más apasionantes de la física en los últimos tiempos: la búsqueda del elemento 119 de la tabla periódica, “nunca visto e incluso jamás creado en la historia del universo”, según afirma el físico Hideto Enyo, líder de la iniciativa.
El
nuevo elemento, bautizado temporalmente ununennio (uno uno nueve, en latín),
inauguraría por primera vez una nueva fila —sería la octava— en la tabla
periódica propuesta en 1869 por el químico ruso Dimitri Mendeléiev.
Hideto Enyo dirige el
laboratorio Nishina del centro de investigación Riken, un acelerador de
partículas situado cerca de Tokio. Allí, los científicos van a disparar haces
de vanadio, un metal, contra un objetivo de curio, un elemento más pesado que
no existe de manera natural en el ambiente terrestre. La teoría es sencilla: el
núcleo del átomo de vanadio posee 23 protones. El de curio tiene 96.
Fusionados, crearían un elemento superpesado con 119 protones. Pero no es tan
fácil.
¿Por qué dedicar tanto
tiempo en experimentos carísimos para sintetizar un elemento durante unas
miserables milésimas de segundo? “Porque es muy emocionante descubrir un nuevo
elemento, especialmente el 119, que será el primero de la octava fila de la
tabla periódica”, zanja el físico japonés, resumiendo el espíritu curioso de la
ciencia básica.
Además, ¿quién puede saber que aplicaciones podría llegar a tener?
Además, ¿quién puede saber que aplicaciones podría llegar a tener?
El químico alemán Martin Heinrich
Klaproth descubrió el uranio en 1789. Lo bautizó así por el planeta Urano, que
se acababa de observar por primera vez un puñado de años antes. El uranio es el
elemento más antiguo de la séptima fila de la tabla periódica. Si en 1789 le
hubieran preguntado a Klaproth “¿y para qué queremos esto?”, no habría podido
imaginar que las centrales nucleares llegarían a producir el 17% de la electricidad
mundial con el elemento más antiguo de la séptima fila.
Esto nos demuestra que cada descubrimiento químico es un avance futuro que puede llegar a ser revolucionario.
Fuente: elpais.com

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